jueves, mayo 29, 2008

La Argentina K

Al conflicto del gobierno con el campo lo veo con un final poco feliz. Creo que, hasta que los K no vean un muerto, del bando que sea, no van a reaccionar.
Estaba viendo la imágen de la gendarmería reprimiendo a los chacareros, mientras el gobierno no le dice nada a los piqueteros de Moyano que cortan el transito de camiones a Loma Negra ni a la cementera Minetti, mientras los alumnos de un colegio salen a la calle y cortan la misma por falta de calefacción (la misma que debió haber sido instalada con la redistribución que hablan de las retenciones cobradas).
¿Acaso esta política del piquete corte de rutas no fue la política aceptada y nunca reprimida por parte del gobierno?
¿El gigante del piquete que es Gualeguaychu con los cortes de los puentes a Uruguay, alguien hizo algo para que no sucediera?
Sólo hay que criticar al gobierno para que los K los repriman.
Tiene razón el cordobés Juan Manuel De La Sota donde califica a Kirchner de stalinista: "Nunca perteneceré a un partido con componentes stalinistas, y donde se lo obligue a uno a adherir a un pensamiento único" "Si en el PJ presidido por Kirchner no hay libertad de crítica, no hay libertad de opinión, no hay respeto a la diversidad de ideas, no vale la pena estar ahí adentro" "parece que el propio gobierno está empeñado en destruir lo bueno que hizo"

1 comentario:

  1. Marcelo arrabal29/5/08 12:28

    De un tiempo a esta parte la polarización de izquierda y derecha se está lentamente incorporando en la mente de los sudaméricanos y obviamente de los argentinos también.

    Estamos a un paso de caer en actitudes y actividades de la década del 70. ¿No se darán cuenta nuestros gobernantes hacia el devenir trágico que nos empujan con sus actitudes autoritarias?

    Tengo la triste sensación de que lo saben y que además lo quieren propiciar, en el convencimiento de que un enfrentamiento en todo terreno con la clase media y alta los beneficiaría.

    Error, grave error.

    En las guerras siempre hay posibilidades de salir derrotado y además hasta el que se impone por la fuerza a la larga pierde.

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